Una cuestión de formas
Actualidad - Artículos de Opinión
Escrito por María Jesús Díaz Puebla   
Viernes 08 de Febrero de 2008 00:00
Tags cuentas

altPeriódicamente el Ayuntamiento hace entrega de pagas, paguicas y becas a los ciudadanos. Nada más lejos de mi intención el criticar que se paguen. Incluso pienso que algunas deberían aumentarse…y acelerarse, porque no es muy normal que algunas madres cobren la ayuda por guardería dos años después de haber dejado el crío la guardería. O que los estudiantes cobren las becas después de haber acabado los estudios, cuando lo que les habría resuelto muchos problemas hubiera sido cobrarlas cuando estaban estudiando.

Sin duda podría articularse soluciones para que las ayudas, tan necesarias para algunas familias, pudieran llegar cuando más falta les hace, y no pasado el tiempo. Pero esas cuestiones, que sin duda, son mejorables, no es objeto de este artículo, sino el comentario sobre el modo como se entregan esas ayudas. Y es que retrotraen a tiempos pasados, esas filas de ancianos, madres o estudiantes, desfilando agradecidos ante el alcalde, en una imagen que recuerda aquellos No-Do de antaño, en los que se veía como la cola de pobres recibía un cazo de caldo o una hogaza de pan de las manos de las caritativas señoras de la Sección Femenina.

Las mal llamadas “ayudas” son una manera de revertir en los ciudadanos dineros públicos. Dineros que aportamos todos, y que se hacen llegar a personas o colectivos que lo necesitan. Eso es lo que sucede en los estados del bienestar. Hacer llegar a todos lo que de todos es, intentando compensar las deficiencias y desequilibrios económicos. Por eso, esas colas de ancianos, madres o estudiantes, inclinando la cabeza agradecidos a la magnanimidad del todopoderoso alcalde, retrotrae a imágenes en color sepia, de una España afortunadamente pasada, en la que la caridad mal entendida – y la caridad en cualquier caso siempre es el peor sustituto de la justicia social- y el paternalismo, suplían a un estado del bienestar que hace llegar a los ciudadanos lo que necesitan sin menoscabar su dignidad de ciudadanos.

Por eso, no estaría de más, que en esta Torrevieja “moderna y del siglo XXI” como tanto le gusta recordar al alcalde Pedro Hernández Mateo, acomodase sus modos al presente y se alejara de ceremonias que recuerdan esas tristes imágenes del No-Do en el que colas de súbditos recibían las migajas de un estado insolidario, y, afortunadamente desaparecido.
 

 

 
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